¿Cómo conservar tu liderazgo tras la cena de Navidad? | #RRHH

La cena de Navidad y el Liderazgo: Del plato a las “tajadas”

Todos los años llego tarde a este post. Este año me sirve para retomar mi actividad en el blog, que con los últimos cambios profesionales me costó mantener por necesidades del guión, y es que por Globalia ¡estamos a tope!, aunque vamos a dejar un huequín en la agenda para compartir una cena de Navidad, ¡como no!

En esta ocasión, los protagonistas son la Navidad y el Liderazgo. Si has visto a tu jefe en alguna fiesta de Navidad un poco “perjudicadill@”, sabrás de lo que te hablo. ¿como vuelvo a la oficina después de una “caraja” pública monumental?

Es de aquellos sucesos que crees que nunca te podrán pasar a ti, por que tu eres alguien serio o seria y con una trayectoria impoluta, pero ¿sabes qué ocurre? que, en el fondo sin tu atuendo directivo, eres un@ más.

Cuidado que en este tipo de encuentros puedes sufrir una metamorfosis transitoria, en la que de repente pareces haber mutado a una especie de Leo Di Caprio en “El lobo de Wall Street” en esta escena que te enseño abajo (¿es buena eh?, si no la has visto, te la recomiendo, digna de óscar).

Volver a la oficina después de una cena “prodigiosa” puede ser algo “complicadillo”.  Hay determinados sucesos que puede costar borrar de la retina de las personas.

Si no eres jefe, es más sencillo, siempre podrás tirar de mala digestión o bastará con arremolinarte detrás de tu pantalla de 30 pulgadas un par de semanas, hasta que la memoria del resto se ocupe de trabajar y no del “cachondeo” . Tranquil@, esto sucede aproximadamente sobre el 6 de enero, así que si has pillado el “pedo” del año en compañía del Director Financiero o del de Compras en estos días, tranquilo, los reyes magos pasan ya mismo.

No te preocupes, no todo es malo, hay 5 puntos por los que puede merecer la pena este momento y si lo utilizas bien tu liderazgo puede salir reforzado e incluso puedes mantener tu reputación intacta o más aún, mejorarla.

La clave es que tus colaboradores descubran que detrás de esa “imagen de directivo serio”  hay una persona,  aunque te toque cenar al lado de aquel jefe que jamás te invitó ni a tomar ni un café a la máquina del vending, disimula.

En este momento puede ser especialmente útil:

  1. Dejar la chaqueta en casa. Deja el atuendo en casa, es momento para liberar la tensión y que salga tu lado más personal. Dale un “Kit-Kat” a tu rol, hay a jefes que les cuesta, son jefes y claro… A las personas de tu equipo les va a encantar conocerte.
  2. Mal día para hablar de trabajo. Aprovecha para conectar con la persona, no con el puesto. Puedes hacer la prueba y acercarte a hablar con alguien con el que nunca habías hablado en la oficina, esa conversación navideña sin sentido puede dar opción a que las cosas fluyan más en la oficina. Si eres de Recursos Humanos es “casi obligado”.
  3. No profundices. Recuerdo a un gran jefe que aprovechaba la fiesta de navidad para sacar conclusiones sobre las personas que habían entrado en la empresa en aquel año. No creo que sea el día, puedes hacer falsos juicios, como dice Leo Harlem, “el alcohol da una vidilla”.
  4. Es momento de equipo. Puedes sorprenderte de lo poco que conoces a las personas de tu equipo. Pese a que pensabas tener “identificados” a cada uno de ellos, no te imaginas lo muchísimo que puede compartirse después de esas “copillas”,  esto que se lo digan a Bertín Osborne en ese programa que se llama “tu casa es la mía -¿o algo así no?- que empiezan haciendo paella y acaban “cantando la traviata”. Cuidado porque puedes acabar sincerándote tanto, que a la mañana siguiente te toque proponer un despido, y quizás sea el tuyo.
  5. Una retirada a tiempo es una victoria. En la medida que uno va haciéndose mayor el número de salidas nocturnas -a veces- disminuyen, con lo que, cada oportunidad parece ser -casi- la “penúltima” ¿no?. Si quieres que el Lunes sea recuperable, recuerda que tendrás que volver.

Espero que estas líneas te hayan divertido tanto como a mi escribirlas. Ya no me queda más que desearte una muy Feliz Navidad y que esa cena navideña prometa, pero recuerda, procura que sea reversible.

¡Disfruta con el equipo, estoy convencido que te lo van a agradecer mucho! Ahh, y procura que, como dice Rubén Amón en estas líneas, que la comida de empresa no se acabe llamando así “por que el personal acabe devorándose entre si” , a mí este año se me complicó asistir y este punto me tiene especialmente preocupado.

¡Feliz Navidad amig@s!

 

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