El valor de las buenas #Personas | #RRHH | Profesionales ECE | #EGO

Hace dos meses publicaba el final de una etapa profesional que ha durado casi siete años.

Envié el típico mail de “hasta pronto” y recibí algunos mensajes de compañeros y uno de los Directivos de la alta dirección que, la verdad, en el momento me costaba leer sin emocionarme. Es lo que me llevo, de hecho, aun los guardo.

Días después reflexionaba sobre ello, quiénes eran, cómo habían sido en el plano personal y profesional. Mi opinión sobre su profesionalidad era buena, pero además, los consideraba buenas personas. 

Todo esto me llevó a pensar en un artículo publicado aquí.  Howard Gardner, el psicólogo que dio luz a las inteligencias múltiples habla sobre la excelencia profesional y su correlación con la bondad. Más bien, viene a decir que las malas personas no podrán ser nunca profesionales excelentes

He de reconocer que en un inicio leyendo el titular dije, no puede ser, yo conozco a algunos que lo han conseguido y con matrícula de honor, hasta que profundicé un poco en sus razonamientos.

Extraigo un fragmento de la entrevista que me parece clave:

Fuente: La Vanguardia, entrevista a Howard Gardner.

Efectivamente, Gardner dá con la clave cuando habla de profesionales ECE, excelentes, comprometidos y éticos.

Para alcanzar la excelencia tienes que superar el EGO, la ambición desmedida o la avaricia.

El problema es que asociamos la excelencia al “éxito” y, el éxito lo asociamos a dinero, estatus, poder, etc. Cuando realmente el éxito es lograr la felicidad (y no al contrario).

Hay numerosos casos de personas .magnates o empresarios de “éxito”- que su infelicidad crecía a la misma velocidad que su fortuna (recomiendo, “el monje que vendió su Ferrari, de Robin Sharma). 

Total, alguien que consideramos “exitoso” puede NO ser excelente. ECE: excelente, comprometido y ético.

Un folio en blanco

Hace algún tiempo leía que hay emprendedores digitales que en su proceso de contratación dan más valor a las buenas personas que a sus competencias técnicas. 

Mi principal herramienta de trabajo ha sido históricamente un folio en blanco, a veces rodeado de escaso o muy poco conocimiento, muchas ocasiones sin líderes que inspiren, pocos recursos técnicos y, pocas personas en el equipo, en fin, en lo normal en estos últimos que vivimos.

Las buenas personas dejan huella y un valor excepcional

Pero, mi suerte fue estar y mantenerme alrededor buenas personas e ir alejando las malas (también existen, aunque no se note). Y, no necesariamente en el equipo o en la oficina lo importante ha sido importante hacerlo fuera.

En este escenario tan cambiante y de poca certidumbre o de escaso liderazgo, para mí ha sido clave rodearme de profesionales, pero, sobre todo, de buena gente. Estas personas son identificables por muchos atributos que no son precisamente técnicos.

Son personas que pueden aportarte en base a un diálogo sincero, franco, asertivo y libre.  Hay muchas personas que te dirán lo que quieras oír, eso es muy sencillo, aunque no te va a ayudar demasiado.

Por suerte -aunque no siempre- si he tenido la oportunidad de decidir quiénes han sido mis compañer@s de viaje, lo que más he valorado es la capacidad para ser sinceros, tanto cuando hemos acertado como cuando no. El camino a veces no es fácil, y rodearte de ellas hará que los momentos complicados no lo sean tantos.

Hay equipos con unos talentos impresionantes, pero con unos valores muy “cuestionables”. Esto destruye las posibles sinergias que pudieran producirse, produce la búsqueda de egos, competición sin colaboración y ansiedad por ocupar espacios -trepar-, más que por aportar valor. Si el lema es “divide y vencerás”, este tipo de equipos te funcionará, si no lo es, complicado.  

El valor de las buenas personas

Sé que esto es muy complicado de “estandarizar”, no pretendo tener una verdad única (como no puede ser de otro modo) y seguramente los amigos de Liderazgo casposo me acusarán de “buenismo” -aquí no puedo hacer más que referenciar a este crack que es Cipri Quintas– . Sobre todo, por que lo que para uno puede ser una buena persona para otro no lo sea tanto, va en función de los valores personales de cada cual.

Aunque sí que me gustaría resaltar aquello que me llevo de ellas, lo que a mí me aportaron y de las que me rodearé siempre que pueda:

  1. Transparentes. Han sido personas a las que les he podido mirar a la cara y detectar de forma casi inmediata si algo no iba bien. No se si es mi habilidad personal o profesional, seguro que tiene parte de ambas, pero me ayudó a desbloquear situaciones que no iban bien.
  2. Empáticas. Los equipos pasamos tanto tiempo juntos que una buena dosis de empatía a tiempo puede sacaros de apuros a ambos, hoy por ti, mañana por mí.
  3. Humildes. No hay nada peor que encontrar personas que crean que son seres superiores -me pasó-. Trabajar con personas que han sabido respetar al resto y, han sido lo suficientemente humildes como para reconocer errores o escuchar de forma activa a otros -aunque quizás no tengan razón-, facilita muchísimo el trabajo en equipo.
  4. Normales. Siempre recuerdo a Tony Nadal cuando le preguntan o le afirma que el éxito de Rafa es la humildad. Tony dice que no, que el éxito de Rafa es la normalidad. Yo estoy con él.  Hay una canción de un gran grupo ya dividido que dice algo así como “somos solo personas”. He tenido que vivir al lado de personas que se lo han de mirar, ninguna persona merece sentirse inferior a otra.
  5. Colaborativas. Lo importante no es la posición en las que hemos estado ambos, lo importante ha sido que desde nuestras posiciones nos hemos concentrado en aportarnos valor mutuamente, da igual como se llame tu puesto, el producto final está hecho de las mejores intenciones, de dar soluciones a problemas que compartíamos, sin más.
  6. Sinceras. Puedes comentar cualquier cosa sin dañar al otro, sabiendo que estás diciendo lo que piensan. Es la base de cualquier relación de futuro. En mis relaciones fuera del equipo he tenido mucha suerte, he encontrado personas muy grandes y aún las conservo, por supuesto.
  7. Ocupadas en aportar valor. Como decía antes, no importa la posición que ocupas en el organigrama, se trata de un objetivo común, para mi es una de las características de los equipos de alto rendimiento, cada cual sabe que tiene que hacer y lo hace sin mirar a los lados. Se trata de construir juntos.
  8. Sin excesos de ambición. La ambición desmedida es uno de los causantes de la traición. 
  9. Humanas. Son personas que no pierde de vista que trabajamos por y para las personas
  10. No buscan culpas. Los líderes no buscan culpas, normalmente las personas no hacen cosas mal por que si, las cosas suceden por algo, buscar siempre la culpa solo hace retrasar las soluciones.

Evidentemente nada es perfecto, hay personas absolutamente impredecibles, crees conocer a alguien y puedes verte sorprendido.

La otra cara de la moneda

No todo fue idílico, dirigiendo personas también encontré la otra cara de la moneda. Me he desvivido (Por cierto, lo volveré a hacer sin dudar) literalmente por el desarrollo de algunas personas y he vivido la traición en directo (literal). Te hablaré un poco de ello en otra entrada.

La decepción es parte del puzle y hay movilizar estrategias personales para superarla, te contaré en otro post las que me funcionan a mí.  

Pero, quiero acabar en positivo. Por suerte me he incorporado a un equipazo de Personas que ¡está lleno de personas excelentes y un liderazgo muy ilusionante e inspirador!

¡Feliz vuelta! 

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